Mi personaje inolvidable

Miguel no me enseñó a leer u oír la historia; me enseñó a vivirla y a heredarla

Hoy quiero compartir una fotografía muy especial.

Es de mi querido amigo Miguel Valadez Lejarza, nacido en Guaymas, Sonora, y mazatleco por decisión y por vida. Lo conocí en 1972 y su amistad ha sido, desde entonces, un privilegio profundo.

El fruto más valioso de esa amistad fue, sin duda, que Miguel fue la primera persona que me despertó el gusto por la historia y me enseñó sus principios esenciales. Su mente lúcida y su acervo histórico fueron el detonante de un proyecto que marcó mi vida: la Fundación del Seminario de Historia de Mazatlán, en la que tuve el honor de participar a su lado en 1973.

Ese mismo año, los dos entramos al viejo y abandonado Teatro Rubio, un edificio en desgracia que, sin embargo, nos llenó de sueños de restauración desde el primer instante. Ese sueño se logró muchos años después, y siempre —siempre— hubo una llama encendida por Miguel.

Hoy ese teatro, resplandeciente y elegante, lleva el nombre de la gran cantante de ópera mexicana Ángela Peralta, quien actuó en ese mismo recinto y murió en el hotel contiguo. Su nombre honra la historia que Miguel tanto defendió.

Miguel también me abrió las puertas del mundo de la imagen. Fue él quien me enseñó los procesos de revelado en blanco y negro y el manejo de transparencias cromáticas, conocimientos que conservo con gratitud hasta hoy.

A lo largo de su vida, Miguel fue reconocido oficialmente como Cronista de Mazatlán, un título que no solo honró su trabajo, sino que confirmó lo que muchos ya sabíamos: que su amor por la historia del puerto era una forma de servicio a su comunidad.

Esta publicación es un pequeño homenaje a su generosidad, a su inteligencia y a la huella que dejó en mi camino. #rafabartrina

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