Yo doy, no convenzo.

A mis 82 años entendí, por fin, que convencer es una forma de ansiedad: la necesidad de que el otro piense como uno, de que apruebe, de que valide.

Dar, en cambio, es libertad.

Dar es ofrecer lo que uno es, lo que uno sabe, lo que uno ha vivido, sin esperar que el otro lo adopte.

Convencer desgasta.

Dar aligera.

Convencer exige argumentos, pruebas, insistencia.

Dar sólo pide claridad y honestidad.

Convencer es un acto hacia afuera.

Dar es un acto hacia adentro.

Por eso ahora vivo así:

yo doy, no convenzo.

Ofrezco mi memoria, mis historias, mis certezas y mis dudas.

El que quiera tomarlas, que las tome.

El que no, que siga su camino.

Mi paz está en el gesto, no en el resultado.

@rafabartrina

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